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Ronald Ojeda, un crimen de Estado

La historia del teniente venezolano Ronald Ojeda ha paralizado a gran parte de la región, generando una conmoción en la opinión pública por las implicaciones de este caso en términos de derechos humanos. Pese haber ocurrido en Chile, este hecho ha llenado de indignación a todo el pueblo venezolano, que clama a los ojos de Dios por justicia, verdad y reparación para sus familiares. Un crimen que enluta el alma de la familia militar venezolana.

El teniente Ojeda forma parte de esa generación militar formada en estos 25 años de régimen chavista. Entró al ejército con apenas 17 años, lleno de sueños y con un corazón derretido por la pasión de defender a su país. De ese ejército, que la historia le asignaba el honor de ser heredero de las luchas del Libertador Simón Bolívar, en la práctica no quedaba nada. El madurismo lo había convertido en relato de papel, pues por dentro solo reinaba corrupción, crimen organizado, adoctrinamiento y tráfico de influencia. En un libro que dejó adelantado el teniente Ojeda, antes de ser secuestrado y asesinado en Chile, subraya lo siguiente: “El producto final de cuatro años de formación militante es un ser totalmente sumiso, sin las capacidades idóneas para los futuros cargos, la meritocracia queda totalmente excluida en el desempeño de las funciones, sólo basta adular al sistema y al líder, para ganar algún cargo, puesto de preferencia o futuros ascensos”.

Estando en el ejército y siendo tan joven se dio cuenta que este no era el país que quería para sus hijos; y por eso se convirtió un elemento de incomodidad para el sistema, que no tardaría en apresarlo y someterlo a las más viles torturas dentro de una cárcel militar. Al cabo de un tiempo, escapó de Venezuela y se radicó en Chile con su familia, donde pediría asilo político.

Sin embargo, hace dos semanas su vida cambiaría para siempre. En plena madrugada, en Santiago, fue raptado por un grupo que asaltó su casa, haciéndose pasar por agentes migratorios. Los individuos portaban armas largas y pasamontañas, sacaron a Ojeda de su residencia en ropa interior, no le permitieron ni vestirse y lo subieron a un vehículo. Desde esa noche, el joven militar de 32 años desapareció, parecía que la tierra se lo habría tragado, hasta que el pasado viernes las autoridades chilenas consiguieron un cadáver que pertenecía a aquel hombre. 

El sueño de un mejor ejército se había esfumado, pero también el sueño de la vida. Esta muerte viene a engrosar un expediente de misterio que rodea a Maduro y su cúpula. No es la primera vez que un venezolano muere en estas circunstancias, solo hay que recordar las muertes del Capitán Rafael Acosta Arévalo o la de mi hermano Fernando Albán. Personas que fueron secuestrados por grupos de seguridad vinculados a la dictadura de Maduro y que a los días aparecieron sin signos vitales. 

Aunque el motivo político del crimen del teniente Ojeda no ha sido confirmado por las autoridades chilenas, todos los elementos apuntan a un patrón repetitivo por parte de los esbirros de Maduro. ¿Por qué asesinar a un militar de esta manera? ¿Por la manera en que lo secuestraron y lo torturaron? ¿La manera en que se secuestró al militar no obedece a un patrón de inteligencia militar? ¿Por qué Maduro decidió expulsarlo de las filas del ejército un mes antes de su secuestro? Pero más allá de todo eso, ¿qué motivó a Maduro a llevar adelante tan atroz crimen? Pues la verdad es que no se puede descartar ninguna hipótesis, pero la situación de Maduro es tan precaria, que me atrevo a decir que hoy está dispuesto a hacer cosas peores que ayer, solo por el hecho de que se quiere perpetuar en el poder a la fuerza. Maduro sabe que cualquier elección pierde, sabe que no tiene apoyo internacional y sabe que la Fuerza Armada quiere un cambio, por eso, no me extrañaría en lo absoluto que decida ejecutar una acción de esta naturaleza. 

El asesinato de líderes civiles o militares en el exterior pareciera ser un nuevo modus operandi de los autoritarismos para callar las voces disidentes. En enero de este año, dos exmilitares nicaguenses fueron asesinados en Costa Rica. Los dos desertores del ejército de Ortega, que estaban residenciados en San José, fueron interceptados por dos sujetos a bordo de una motocicleta, quienes dispararon en múltiples ocasiones contra las víctimas, causándoles la muerte. El caso del teniente Ojeda no se distancia demasiado del de los dos nicaraguense, tampoco de los atentados que Putin o Xi Jinping han llevado adelante contra opositores de sus países. 

El abominable asesinato de este joven militar tiene que llenarnos de indignación, pero también de fuerza para seguir luchando para que este año salgamos de esta dictadura, por medio del voto del pueblo. Por la memoria de Ojeda y tantos caídos, no podemos desmayar en nuestra lucha por lograr justicia, verdad y reparación. Sé que donde quiera que esté el teniente Ojeda seguirá guiando nuestra lucha y nos une la causa de un país libre.