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La atrocidad es su divisa

Luego del exhorto público del ministro Padrino López, para que cesaran las atrocidades por parte de la guardia nacional, la violencia y las barbaridades lejos de terminar se multiplican, a lo largo y ancho del territorio nacional.  Innumerables testimonios y evidencias audiovisuals servirán, en un futuro no muy lejano, para castigar con todo el peso de la ley estos abominables crímenes.

Se une a estos malhechores el Sebin. Hace pocos días cerca de 200 efectivos irrumpieron por la fuerza en el conjunto residencial Los Verdes en el Paraíso, decididos a demostrar que son bárbaros e inhumanos. En un acto de venganza destruyeron no solo propiedad privada, incluyendo rejas, vehículos, ascensores y puertas, sino que copian el modus operandi de la guardia nacional, de robar a aquellos a quien debieran proteger. Computadoras, dinero, joyas, baterías de carros, nada pareciera estar fuera de los límites de estos detestables trogloditas.

Buscando nuevas modalidades de crueldad, varios funcionarios le dispararon a mascotas de vecinos del conjunto, incluyendo un tiro en un ojo a un indefenso perrito, ejecutado en seco por el delito de ladrarle a extraños.

Lejos de amedrentar, estas conductas atroces multiplican la indignación y el anhelo de cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos.

Cada miembro de las fuerzas de orden público en Venezuela tiene el deber moral de rebelarse contra estas infamias y de decir YA BASTA a tantos atropellos. Es hora de aislar a los violentos.

No se salva ni la Cruz Roja

Siguiendo con la interminable lista de bochornos internacionales, ataques con bombas lacrimógenas obligaron a la Cruz Roja a izar una enorme bandera para recordarle a Venezuela y el mundo que ciertos espacios son sagrados, porque se dedican a prodigar salud sin importar color, raza, credo o estrato social. Al igual que atacan escuelas, clínicas y hospitales, sin importar niños ni pacientes, hace pocos días le tocó a la Cruz Roja sufrir en carne propia las tropelías de un regimen que cada día cae más bajo. 

Los cascos verdes, llenos de muchachos valientes y abnegados, estudiantes de medicina con vocación de servicio, son también testimonios de abusos y atropellos, sin que las villanías les impidan dar consuelo y atención médica a los heridos en las diarias protestas por la libertad de nuestro país. Dios los bendiga.

Fuente: Últimas Noticias

Junio 2017