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Aquí nadie se cansa

 No es posible que se juegue con la salud de un pueblo. Es lamentable que un país que ha tenido la mayor bonanza petrolera de su historia se ocupe sólo de regalar el dinero de los venezolanos a otros países y de ayudar a construir hospitales en el exterior, cuando Venezuela tiene tantas carencias. Ya es suficiente de este gobierno que no gobierna nada, que lo único que ha demostrado es ineficiencia e incapacidad, un gobierno que no resuelve los problemas de los venezolanos y que vive de puras promesas incumplidas.

En los últimos días hemos visto cómo se combinan múltiples factores para que el chikungunya y el dengue estén golpeando duramente a nuestro pueblo. Deficiencias en la alimentación, el estrés al que estamos sometidos todos los venezolanos y las malas condiciones sanitarias que imperan en los sectores más pobres del país potencian la propagación de todas estas enfermedades, fácilmente controlables si nuestro país estuviera sano.

Como bien lo expresó la caricatura de Pinilla, faltan químicos para poder fumigar oportunamente. Escasean en casi todos los estados del país las distintas modalidades de acetaminofén, el único analgésico admitido ante sospecha de dengue y chikungunya.

Aterroriza enfermarse en estos días, ante la escasez absoluta de los medicamentos más básicos, tanto para enfermedades eventuales como para padecimientos crónicos. Unos pocos, afortunados, le piden a un familiar en el exterior que les envíe lo más urgente. La mayoría sufre. Mientras tanto, las autoridades sanitarias del país y el alto gobierno brillan por su ausencia, cuando es esencial hablarle claro al país y dictar medidas correctivas con carácter de urgencia.

Con todo el caos que está viviendo nuestro país, es indudable que pronto llegará el cambio que tanto anhelamos.

Son muchos los retos que hoy tenemos por delante, pero si nos organizamos podemos lograr el cambio que queremos. Debemos trabajar de la mano con la gente y las comunidades para obtener la mayoría en la AN, debemos liberar esta institución que ha estado secuestrada durante 15 años y hacer de ella un ente promotor de cambio en el país. Sí es posible soñar con una Venezuela nueva. Una Venezuela próspera. Una Venezuela en donde nuestros nietos puedan crecer y desarrollarse.